
Se trata de volcanes aparentemente dormidos,
de energía imperceptible
que se revuelve en el interior.
Una fuerza que se acumula,
que se acumula...
Una vida que está a punto de estallar,
de florecer,
de arriesgar.
Sientes que algo se prepara
que algo te gustaría que pasase...
¡Revoluciones “in uterus”
que ya has vivido,
alumbrado!
Algo que se repite.
Tu propio “samsara” de vida inacabada.
Energías que vienen y vuelven
que explotan y se renuevan.
Siempre en ebullición,
siempre en proyecto.
Ese soy YO.
Ese somos muchos.
Deseamos ser... algo.
Somos alguien
porque nuestras vidas están en permanentes revoluciones,
vueltas de tornillo que atraviesan la pared
pero
que se encuentran con otra capa,
y otra,
y otra...
Son
los espesores infinitos que forman nuestro corazón
construido
a base de tanto llanto, de tanto deseo, de tanto amor no-dado
que sólo quiere saltar a la superficie y
explotar
en un fluir de sueños que cambiarán en camino,
que se solidificarán formando figuras totalmente impensables, imprevistas...
¡el verdadero paisaje de nuestras vidas!
Erupciones que forman el genio humano,
que construyen la gran leyenda que llaman historia
y que está compuesta de ese número infinito
de seres que buscan y encuentran,
que rebuscan y reencuentran
en el permanente evolucionar hacia
ese YO único
que somos todos.
Mi revolución,
tu estallar,
su florecer...
son la energía que hace que este mundo sea “vivible”.
Y
determinan el paisaje,
rocoso,
siempre virgen
del humano.
Fotos: Renan Larzul